El arte, en todas sus expresiones (pintura, danza, música, escritura, teatro, etc.) libera la subjetividad de la persona, así resolviendo conflictos, problemas de comunicación o dificultades de expresión.


Tener la oportunidad de pintar, sobre cualquier superficie, nos permite manifestar pensamientos y sentimientos,  sobre todo para aquellos que no son capaces de hacerlo mediante otra vía.


Pintar, al igual que tocar un instrumento musical, estimula por medio del movimiento de la mano y diversas colecciones cerebrales a crear imágenes que de una forma u otra nos permiten entender lo que nos pasa. Todo este trabajo, de sumergirnos en nuestra mente y cuerpo, requiere de concentración. Este proceso nos permite olvidarnos del entorno, que fluyamos, haciendo que el tiempo pase sin darnos cuenta.


Por medio de la pintura podemos dejar fluir nuestras emociones, experimentar felicidad, amor, empatía y paz. La relajación que uno obtiene por medio de la pintura ayuda a conseguir una armonía entre el corazón y la mente.